Este año se nos viene un invierno diferente a lo que aparece en los medios por estos días. Llego a esta conclusión después de más de 2 años de observar con cuidado los datos, estudios científicos y experiencias internacionales. Primero haré mis predicciones y luego explicaré la evidencia que las sustenta:

  1. El aumento natural por factores estacionales, junto con la proliferación de Ómicron BA.2 y otras subvariantes, hará que los casos sigan subiendo por algunas semanas, pero bajo ninguna circunstancia llegarán a números tan altos como los de febrero. (Actualización: luego de mirar las cifras oficiales de hoy, seguramente tendremos el peak la primera semana de Junio, quizás la segunda).
  2. Las tasas de hospitalización por COVID se mantendrán bajas (estamos en el nivel más bajo desde el inicio de la pandemia) y si bien es seguro que subirán, será un aumento claramente menor que en Febrero y no debería exigir al sistema de salud en cuanto a camas UCI.
  3. Seguramente habrá un aumento en el reporte de fallecidos, el cual no llegará a los niveles de febrero. De todas maneras, este indicador no es de confiar como explico más adelante.
  4. Seguro habrá más variantes, pero es altamente improbable, casi imposible me atrevería a decir, que COVID-19 se ponga más virulento (que enferme más grave).

El modelo que predice lo de arriba se basa en datos respecto del fenómeno natural, desde el punto de vista netamente biológico y por tanto me siento lo suficientemente confiado como para publicarlo. Ahora, respecto a lo que harán las autoridades no me atrevo a hacer afirmaciones tan categóricas porque eso depende de política, la temperatura en redes sociales, emociones y sesgos, no tanto de los datos mismos.

La Evidencia

Al 21 de mayo de 2022 hay 3.554.112 casos de COVID-19 clasificados como “recuperados”. Ahora, caso es diferente de infección. Sabemos que mucha más gente se infecta con COVID que la gente que llega a hacerse un examen y aparece en las estadísticas, esto es particularmente cierto cuando las tasas de positividad aumentan. El 19 de febrero la positividad llegó al 28%, lo que en la práctica significa que la cifra de contagios es un pobre indicador de cuánta gente ha contraído COVID y que probablemente son muchos más. Ese mismo día se reportaron 33.769 casos. Todo esto para decir que muy probablemente el número de personas que ha contraído el virus en Chile es mucho mayor que tres millones y medio.

Ahora, todas esas personas que han sobrevivido al virus cuentan con inmunidad natural, la cual es más durable y efectiva que la inducida por las vacunas. Lo cual queda bastante claro al revisar un estudio publicado por la CDC de Estados Unidos respecto a hospitalizaciones en California, donde al final se muestra un gráfico comparando grupos de pacientes que fueron diagnosticados con COVID-19 bajo las siguientes condiciones:

• Sin vacunar y sin infección previa.
• Sin vacunar y con infección previa.
• Vacunado y sin infección previa.
• Vacunado y con infección previa.


Como es de esperar, la línea sólida representa a la gente sin vacunar y sin infección previa, que sufrió el embate completo de la enfermedad y por tanto altas tasas de hospitalización. Luego viene el grupo vacunado, pero sin infección previa, la línea segmentada azul ubicada muy por debajo de la de los sin vacunar, demostrando el beneficio en relación a hospitalizaciones de la vacuna.

Ahora, debajo de ambas líneas y casi sin registrar aumento están los grupos con infección previa, con y sin vacuna. Lo cual demuestra a mi juicio, que la vacuna es una tremenda ayuda antes de haber entrado en contacto con la enfermedad, pero luego su contribución es marginal y la verdad despreciable en términos de salud pública.

En resumen, la enorme ola de contagios que vivimos el verano con Ómicron generó una gran cantidad de inmunidad natural que nos protegerá contra nuevas variantes de forma muy robusta.

Respecto a las personas que no se han infectado con COVID-19 todavía, en Chile tenemos una muy buena segunda etapa de protección que es la altísima tasa de vacunación. En términos prácticos tenemos a toda la población con algún grado de inmunidad, la enorme cantidad de gente que se contagió en el verano tiene protección reciente contra reinfección y el resto de nosotros contamos con una muy buena protección que seguramente hará de la mayoría de los contagios con síntomas mínimos.

El proceso de evolución desde la perspectiva de un virus

En este momento hay evidencia convincente de que la variante Ómicron BA.2, que es más contagiosa que BA.1 y que está en este momento impulsando el alza de casos en Chile, produce una infección menos severa que Ómicron BA.1, ya era muchísimo menos grave que Delta (la variante del invierno pasado). Esto más la enorme cantidad de inmunidad mencionada el punto anterior garantiza que el invierno de 2022 será mucho mejor que el año anterior en relación a los efectos del COVID-19 en Chile.

¿Qué pasa entonces si surge nueva variante? La verdad creo que es casi imposible que aparezca una variante más peligrosa por lo siguiente: Tal hecho sería equivalente a que una persona se ganara el Loto y el Kino al mismo tiempo, técnicamente posible, pero muy muy improbable (quizás prácticamente imposible).

La razón requiere comprender cómo funciona la evolución en el caso particular de un virus (recomiendo altamente el libro «El Gen Egoísta» de Richard Dawkins para comprender de verdad cómo funciona la evolución y sus implicancias). Un virus se propaga mediante la generación de copias de sí mismo usando las células del individuo que infecta, todos entendemos que ese proceso de copia no siempre es perfecto y que aleatoriamente el material genético del virus sufre un cambio puntual, ese cambio puntual tiene como consecuencia la modificación de las instrucciones para generar réplicas del virus en la generación siguiente.

Como las mutaciones son aleatorias, lo más probable es que modificar las instrucciones para generar copias del virus produzcan un resultado negativo o neutro. Ocasionalmente, con muchísima suerte (ganarse el Kino) una mutación facilita que las réplicas del virus sean capaces de infectar más eficazmente a otras personas. Esto hace que, a la larga, esta versión mutante vaya ganando la competencia por humanos susceptibles de infección y se convierte en una variante dominante (como pasó con Delta y luego con Ómicron).
Por otro lado, una mutación aleatoria podría producir que las réplicas del virus mutante produzcan una enfermedad más grave en la persona infectada (ganarse el Loto). Ahora, esto no significa una ventaja per se para el virus a menos que por alguna razón una enfermedad más grave aumente la probabilidad de que el virus sea transmitido a más personas. Probablemente en la mayoría de los casos enfermedad más grave es relativamente independiente de mayor contagiosidad.

Una variante de COVID más peligrosa, como lo fue Delta el año pasado, muy seguramente parte como una variante que se ha hecho más grave, pero no necesariamente más contagiosa. Ahora, en un entorno de alta circulación como sucedió a principios del año pasado en India, esa variante que produce enfermedad más grave podría tener una segunda mutación después de un tiempo y volverse más contagiosa. Es probable que ese proceso explique por qué Delta fue más virulenta y más contagiosa al mismo tiempo, lo que le permitió dominar en el mundo y básicamente desplazar a todas las demás variantes circulantes en ese momento.

En noviembre surgió Ómicron, que no es una mutación de Delta, sino que una mutación del virus original como se ve en el siguiente mapa con los distintos linajes del virus que produce COVID-19:

Por tanto, Ómicron no cargaba con la virulencia de Delta, sino que desde un principio fue una variante mucho menos ofensiva y por tanto causa enfermedad menos grave. Ahora, Ómicron al esparcirse por el mundo ha seguido jugando Loto y Kino, y lo que hemos visto es que una y otra vez, se gana el Kino, y si bien es seguro que se ha ganado el Loto alguna vez, esas mutaciones no han sido capaz de ganar la competencia frente a las variantes más contagiosas. En otras palabras, el proceso de selección natural va a seguir optimizando por mayor contagiosidad, pero no por mayor severidad.

Sobre el números de fallecidos.

En todo el mundo, las estadísticas de fallecidos han sido sujeto de controversia porque no existe una manera práctica de determinar en realidad cuántas personas han fallecido producto de la enfermedad por COVID-19. Es un problema muy complejo y las estadísticas que tenemos sencillamente no dan el ancho.

En general hay dos maneras en que se ha estado midiendo la cantidad de fallecidos en relación a la pandemia.

1.- Personas que fallecen con un examen positivo para COVID-19 en los 28 días previos a la muerte. El problema de esta métrica es que si bien intenta capturar casos en que una enfermedad de base se agrava por culpa del COVID-19 y no hubiese fallecido si no hubiese contraído la enfermedad, también cuenta personas que mueren por lesiones de un accidente automovilístico o cualquier otra causa no relacionada y que al ingresar al hospital sucede que dan positivo en el test para COVID-19.

2.- Exceso de muertes respecto al tiempo previo a la pandemia. El problema de esta métrica es que, si bien es correcto suponer que lo que ha cambiado los últimos dos años respecto a los años anteriores es la pandemia, hay muchas muertes cuyas causas son indirectamente relacionadas con la pandemia. Por ejemplo, personas que se agravan de condiciones preexistentes no por contraer la enfermedad, sino porque no han podido recibir tratamiento médico y pueden perfectamente fallecer sin haberse infectado jamás, pero producto de las consecuencias sociales de la pandemia.

Esto significa que la cantidad de fallecidos es un indicador muy pobre para determinar la severidad de una variante de COVID-19 porque es imposible separar las variables.

Un buen ejemplo son las cifras de fallecidos que tanta alarma causaron durante la reciente ola de Ómicron en febrero. Nunca tuvo sentido para mí que el número fuera tan alto como en el invierno con la variante Delta, considerando que sabíamos que Ómicron es más leve y que la cantidad de hospitalizaciones en UCI por COVID-19 fueron sustantivamente menores que en el invierno. Nunca tuvo sentido que menos gente hospitalizada por COVID-19 llevara a más fallecidos.

Ahora, si a eso agregamos que los días de mayor cantidad de fallecidos coinciden con los días de mayores casos diagnosticados, es indudable que una buena parte de esos fallecidos murieron con COVID y no por causa de COVID, ya que toma más de dos semanas desde que una persona se infecta con COVID-19 hasta que fallece. Uno esperaría que la curva de fallecidos estuviera retrasada respecto a la de contagios al menos dos semanas y aquello no ocurre.

Conclusión

El panorama para este invierno es mucho más optimista del que aparece en los medios, me estresa ver cómo los medios están manejando este tema. Hace unos años parecía la regla más sagrada de autoridades y medios no inducir al pánico de la población, pero por alguna razón incomprensible ahora están haciendo todo lo contrario. Si seguimos así, lo que va a pasar es lo mismo que en febrero, un sistema de salud estresado básicamente porque mucha gente resfriada que NO necesita atención médica colapsa las urgencias, mientras el resto de la población tiene que aguantar medidas restrictivas que tienen consecuencias devastadoras que ya estamos empezando a sentir.

Si dependiera de mí, como política pública declararía el fin de la pandemia, el fin del estado de alerta sanitaria y el fin de todas las restricciones asociadas a la pandemia ahora en junio. Al mismo tiempo juntaría un grupo de expertos para evaluar la eficacia y efectos secundarios de las vacunas para distintos grupos de riesgo y así planificar continuar con dosis de refuerzo para las personas que realmente se beneficiarían de ellas.

Este es un momento crítico para las vacunas como herramienta de salud pública, por un lado podrían ser nuestra salida a esta pandemia por COVID-19, reivindicando su valor y dejando los movimientos antivacunas donde corresponde, como algo marginal. Por otro lado, si algo saliera mal podría ser una catástrofe sin precedentes, podría convencer a mucha gente de que «las vacunas» son «malas» y podríamos perderlas como herramienta de salud pública, así como hemos perdido a las plantas nucleares como herramienta para generar energía sin producir gases de invernadero a pesar de su indiscutible seguridad respecto a las demás tecnologías.

¿Cómo se ha abordado este problema?
Por estos tiempos, los movimientos radicales se propagan fácilmente por redes sociales, muchas de éstas han creado algoritmos para filtrar contenido, identificar desinformación y en muchos casos sencillamente eliminar contenido que puede ser peligroso para la ciudadanía. De hecho, este artículo compartido desde Facebook tendrá una nota diciendo que este blog no es una fuente conocida y quizás verificada como confiable. Suena sensato, casi no publico acá y en general es básicamente mi opinión sobre algún tema.

Lamentablemente este sistema, creado para combatir los disparates y la desinformación, tiene una falla. Para poder detectar dicha desinformación las redes sociales necesitan una versión que consideran correcta contra la cual comparar. En el caso de temas de salud pública esta fuente de información correcta obviamente son las autoridades locales y/o la Organización Mundial de la Salud. Pero ¿qué pasaría si por alguna razón las autoridades y la OMS no estuvieran en lo correcto?

Uno podría decir que ellos tienen los medios y han estudiado todos los aspectos del problema para garantizar la veracidad de su información. Lamentablemente una situación de emergencia como la que estamos viviendo significa que hay muy poca información disponible, es así como la misma OMS se demoró meses en declarar el COVID-19 como una pandemia y declaró con convicción que el virus no se transmite entre humanos. Los errores suceden y los algoritmos automatizados de las redes sociales no tienen manera de lidiar con ello.

Por otro lado, si alguna anomalía surgiera, quienes quieran reportarla de manera genuina y seria, sin teorías disparatadas de magnetismo, chips o 5G, seguramente serán silenciados por los mismos algoritmos, poniéndolos en la misma caja de las teorías disparatadas, únicamente porque dicen algo que va en contra de lo que la autoridad ha declarado y que podría ser o no cierto.

«Las vacunas son seguras y efectivas» esta es una afirmación correcta en general y la evidencia que la demuestra es la principal arma en contra de la desinformación de los movimientos antivacunas… Siempre y cuando siga siendo correcta.

Todas las películas del fin del mundo parten con un científico que no es escuchado por las autoridades.

Hace unos días, después de recibir mi segunda dosis de la vacuna Coronavac en contra del COVID-19, me topé con un podcast muy preocupante por la disonancia cognitiva que produjo respecto a este tema.

En una mesa sentados Robert Malone, literalmente inventor de la tecnología de ARN mensajero (mRNA) para vacunas, Bret Weinstein, doctor en biología evolutiva y Steve Kirsch, emprendedor en serie e inventor del mouse óptico entre otras cosas (no tiene que ver con salud, pero el tipo está lejos de ser bobo). Ciertamente gente que uno tendería a tomar en serio, sobretodo si lo que dicen pasa el detector de patrañas que uno desarrolla con el tiempo.

Habría riesgos enormes asociados a las vacunas contra el COVID-19 por mRNA (Pfizer, Moderna, etc). El problema no se trata ni de las vacunas en general, ni de la tecnología mRNA en sí misma, sino de qué producen específicamente las vacunas contra COVID-19: La proteína spike.

En pocas palabras, estas vacunas funcionan llevando instrucciones a las células del cuerpo para que generen únicamente la proteína spike del coronavirus, así el sistema inmune puede detectar ese pedazo de virus y generar anticuerpos específicos en su contra sin tener que lidiar con el virus completo y activo que se reproduce produciendo la enfermedad.

Todo esto funciona sin problemas, los estudios de eficacia preliminares lo han demostrado y se ha visto el efecto en lugares con altas tasas de vacunación.

La falla está en el hecho de que la famosa proteína Spike, no sería únicamente un fragmento inocuo, sino que es biológicamente activo, particularmente es citotóxica. Eso sumado a que la vacuna, a diferencia de lo que se esperaba, no se queda en el brazo sino que se esparce por todo el cuerpo con una fuerte tendencia a alojarse en los ovarios de mujeres, significa un importante riesgo a la salud.

Según los participantes del podcast hay muchos casos reportados de efectos adversos y muchos más que seguramente no son reportados porque estamos todos convencidos de que la vacuna es «segura y efectiva» por lo que «no puede ser la vacuna», descartándose esa posibilidad.

Robert Malone afirma que la FDA (la agencia regulatoria estadounidense) sabía que la vacuna se esparcía de una forma inesperada pero que no creían que fuera un problema porque consideraban que la proteína spike no era biológicamente activa. Más aún, la gente que desarrolló la vacuna siempre estuvo consciente de este riesgo y por lo tanto creó una solución usando ingeniería genética para mantener a la proteína Spike en su lugar, lo cual fue suficiente para dejar tranquila a la FDA. Sin embargo, normalmente esa explicación no es suficiente y se requieren rigurosos ensayos con animales para demostrar que esa solución efectivamente funciona, lo que no se hizo por el apuro.

Y acá es donde la infraestructura que hemos creado para lidiar con la desinformación no está pudiendo distinguirla de anomalías genuinas y muy graves que deben ser abordadas, censurándolas en muchos casos e impidiendo que estos temas salgan a la luz.

Esta es una de las razones por las cuales la libertad de expresión es tan importante, la manera de lidiar con la desinformación es con diálogo serio y abierto, no con censura. El costo es tener una porción de la gente que va a pensar cosas descabelladas y la necesidad de lidiar inteligentemente con esas amenazas en vez de meter los temas que no nos gustan debajo de la alfombra porque eso es llamar al desastre.

Acá el video original:

Decenas de miles de años atrás, los seres humanos se vieron enfrentados a la necesidad de contar grupos de objetos y/o medir cosas. Era importante poder distinguir entre un par de grupos de objetos cuál tenía mayor cantidad, los humanos de la época usaron distintos métodos como cuentas o muescas grabadas en huesos cuyos rastros más antiguos se remontan a más de 30.000 años (Según Wikipedia). Este invento, aparentemente trivial, tiene una característica muy particular. En vez de ser una herramienta para hacer algo que nuestro cuerpo no puede hacer físicamente (como una piedra o un palo), es una herramienta para hacer algo que nuestra mente no puede hacer, para superar las limitaciones de nuestra mente.

Para que dos o más seres humanos puedan colaborar eficazmente, trabajando en conjunto por un objetivo común en vez de pelearse e intentar robarse unos a otros, es necesario que exista confianza entre los individuos. Afortunadamente (al menos en ese tiempo) el homo sapiens evolucionó una excelente capacidad para almacenar información y para el chisme, cuya función es precisamente llevar registro de los individuos de una tribu pequeña para saber en quién se puede confiar y cuánto se puede confiar en cada uno de los otros individuos.

Se estima que biológicamente el ser humano es capaz de rastrear alrededor de 150 individuos en su memoria, lo cual de alguna manera impone un límite al número máximo de seres humanos que pueden colaborar de manera estable a través del tiempo. (Libro Sapiens de Yuval Noah Harari, capítulo El Árbol del Conocimiento).

Naturalmente, si queremos colaborar en grupos más grandes necesitamos otro tipo de herramientas que nos permitan hacer lo que nuestras mentes no son capaces de hacer. La invención de la representación numérica y la escritura permitió regular las transacciones (colaboración) entre individuos que no se conocen a través de registros de qué le pertenece a quién y cosas así.

Creo que es razonable pensar que nadie diría hoy que las matemáticas son una ideología, que tienen alguna intención en particular o que buscan perjudicar a alguien. Son simplemente una herramienta, un mecanismo, una muleta para nuestros cerebros limitados, que nos ayuda a procesar información que de otro modo no podríamos procesar. El resultado del procesamiento siempre es susceptible a los sesgos de quien lo ejecuta, pero la herramienta es sólo eso, una herramienta.

En el año 2020 estamos viviendo tiempos caóticos, no parece haber certeza de nada, inestabilidad climática, de salud y política aflora en todo el mundo. Acá creo importante destacar que la inestabilidad climática y de salud de alguna manera también está relacionada con la inestabilidad política y con cómo estamos dirigiendo nuestra civilización. Esto respecto a la humanidad como un todo y también dentro de cada país o unidad territorial.

El sistema sociopolítico que hemos construido durante el último tiempo está mostrando sus límites y nos estamos enfrentando a problemas que el actual sistema no parece ser capaz de abordar eficazmente. En otras palabras, nuestras actuales herramientas, si bien nos permitieron comenzar a colaborar a escala global, no son suficientes para una colaboración a escala global eficaz y sobretodo estable en el tiempo.

¿Y cuál es el problema?

Cuando uno crece dentro de un paradigma es difícil poder mirarlo en perspectiva y ser certeros en una evaluación sin sesgos. Pero eso no significa que uno no tenga sospechas a nivel personal que puedan eventualmente ayudar a que el colectivo encuentre la real causa.

Unos días atrás se votó la idea de legislar respecto al retiro de emergencia del 10% de los ahorros previsionales desde las AFP. Existe actualmente gran discusión y debate respecto a ese tema en el país, pero no tengo la más mínima intención de entrar en ese debate porque por un lado no dispongo de la información necesaria para tener una opinión, pero más importante, la forma en que se discute me desgasta, no creo que se esté abordando el problema de una manera constructiva por casi nadie.

Sin embargo, pongo ese episodio de ejemplo porque este artículo fue motivado por imágenes que vi de la aprobación del proyecto en la Cámara de Diputados, con gente levantando brazos, gritando y celebrando, haciendo gritos y una gran fiesta en general. Después vi lo que pasó en el gobierno, que en este caso sufrió una dura derrota política. Sucedieron reuniones de emergencia, declaraciones y hasta búsqueda de responsables por haber perdido.

Todo esto sugiere que los individuos que toman decisiones en el país están usando los circuitos del chisme para atacar al oponente y fundamentar sus posturas, así como la lógica de tribus para racionalizar argumentos que parecen incluso ir en conflicto con los ideales ideológicos en ambos sectores. Estos mecanismos evolucionaron para una tribu de 150 individuos, pero ahora que somos 8 mil millones, están demostrando de manera cada vez más evidente lo inadecuados que son para lidiar con los problemas actuales.

Acá tenemos grupos de personas cuyo objetivo es luchar en contra de un enemigo e imponer su propuesta, en vez de grupos de personas que asumen un objetivo en común, pero que difieren en su visión de cómo se debe conseguir ese objetivo y por tanto deben trabajar en conjunto para determinar qué aspectos de su propuesta son adecuados y cuáles no para conseguir una solución óptima.

Este ejemplo particular muestra una situación que no se limita a Chile, es cosa de ver las noticias internacionales y ver lo que está pasando en USA y otros lugares. A esto se suma la radicalización de la población gracias al hackeo de nuestros circuitos naturales de chisme por parte de las redes sociales con el objetivo captar nuestra atención y ofrecernos más anuncios, facilitando así de forma desproporcionada la influencia de individuos con ideas patológicas como efecto colateral de su modelo de negocios.

¿Qué podemos hacer?

Bueno, necesitamos una herramienta nueva para superar las limitaciones de nuestro cerebro, programado para colaborar en grupos de menos de 150 personas que aún no han sido superadas por las herramientas actuales. Eso debe partir con el reconocimiento de esta limitación y la generación de reglas, ojalá codificadas de forma sencilla que nos permita abordar los aspectos más importantes con la ayuda de un mecanismo de autocorrección de nuestros sesgos y pasiones. Así como el método científico es un lazo de realimentación que busca corregir los sesgos de los individuos que hacen ciencia.

Quien piense que tiene la receta y con eso arreglamos el mundo es un iluso. Estos sistemas surgen y se pulen de manera iterativa, o quizás más preciso, evolutiva. Los problemas que vemos hoy en el mundo son producto de que las instituciones y estructuras sociales evolucionaron bajo las reglas actuales para optimizar ciertos parámetros, lo cual con el tiempo inevitablemente fue capaz de encontrar las imperfecciones y explotarlas al punto en que ya no parece ser sustentable en el tiempo, al menos no en la forma actual.

Entonces, tenemos que buscar soluciones al problema de nuestra limitación mental primero. No sacamos nada con discutir políticas públicas sin antes haber sorteado ese obstáculo, por eso propongo que se debe buscar un mecanismo, una ciencia, una herramienta para ayudar al análisis y como consecuencia podremos recién empezar a discutir políticas públicas nacionales e internacionales de manera más productiva.

Ideas locas para el cierre

Finalmente, para cerrar este artículo mencionaré algunas ideas locas que se me vienen a la mente que pueden o no ser pertinentes, pero podrían eventualmente considerarse en algún punto de la construcción de esta nueva herramienta que obviamente escapa a mi capacidad de articulación.

De hecho, creo que más que un objetivo, reglas como las que pongo a continuación debiesen más o menos ser consecuencia natural de la herramienta que necesitamos desarrollar y que aún desconocemos.

  • Abolir el concepto de oposición. Debería ser más bien gobierno y asistentes y/o colaboradores. Oposición toca el nervio tribal y nos predispone inconscientemente a la confrontación.
  • Prohibir la propaganda política en todas sus formas, lo cual no significa limitar la libertad de expresión. Lo que se prohíben son las consignas, afiches y artilugios habituales de la propaganda. Nadie debe levantar los brazos y gritar un nombre o una consigna, eso nuevamente activa los circuitos de tribu y nubla el juicio.
  • La prohibición de propaganda implica además la prohibición de difundir material con una única visión. Esto tiene un costo grande, es más difícil transmitir tu mensaje cuando tienes a alguien frente a ti con una opinión diferente, es claramente incómodo y subóptimo para comunicar tu punto de vista, pero la alternativa es dejar espacio a monólogos apasionados que hagan crecer los sesgos en la población, predisponiéndola a enfrentar con desproporcionado escepticismo la visión divergente.
  • Ampliar espacios de discusión con formatos de conversación largo. El surgimiento de los podcast como medio popular de entretenimiento demuestra que es mentira la creencia de que el ser humano tiene poca capacidad de seguir conversaciones complejas.

Bajo este paradigma, un programa informativo podría ser algo así:

Un individuo (probablemente periodista) haría de moderador y se daría la discusión entre 2 o 4 personas (no más), cuidando igualdad de número en posturas que parecen estar contrapuestas.

El programa se rige por las siguientes reglas:

  • Los entrevistados no pueden hablar entre sí, los mensajes deben pasar a través del moderador. Esto consigue varias cosas:
    • Los entrevistados no pueden interrumpirse y ponerse a pelear.
    • El moderador ayudará a asegurarse que el punto en particular sea comprendido y reconocido por ambas partes.
  • El moderador tiene la responsabilidad de resumir lo que entendió del entrevistado y ganar su aprobación de que entendió bien el punto antes de preguntar a la otra persona.
  • El moderador tiene la responsabilidad de sintetizar los puntos relevantes de forma balanceada (aprobada por todos los entrevistados) considerando aspectos como:
    • Cuál es el objetivo primario de lo que se discute (debe ser acordado y aprobado por todos los entrevistados antes de pasar a lo siguiente)
    • Quienes son los incumbentes
    • Cómo pretende la política en discusión conseguir el objetivo acordado
    • A quién beneficia o perjudica tal política
    • Cuánto beneficia o perjudica tal política
    • Cómo se evalúa el éxito o fracaso de tal política
  • Será común que entrevistado A haga una afirmación aparentemente contraria a lo que cree entrevistado B. Ante esa situación el moderador debe preguntar a B si es cierto, lo cual debe ser respondido en 2 partes:
    • Técnicamente cierto o falso: Por ejemplo, encender una luz eléctrica genera un campo eléctrico que eventualmente interactúa con el campo magnético de la tierra y por tanto altera la trayectoria del viento solar.
    • Qué tan relevante es: Si bien la perturbación es real, es demasiado pequeña para causar una perturbación significativa al viento solar alrededor de la tierra.
  • Los entrevistados intentarán empujar las reglas, ante cualquier desviación del tema, cualquier entrevistado puede protestar y el moderador decidirá si dar tarjeta amarilla al infractor. Con dos tarjetas amarillas, independiente de quién las haya producido, se termina la conversación por falta de capacidad de avanzar.

Es este día del año otra vez, el día en que recordamos que el 11 de septiembre de 1973 tuvimos un golpe de Estado en Chile. Como todos los años, me paso el día viendo con algo de frustración, y a veces algo de rabia, lo que sale en los medios y lo que comparten las personas en redes sociales. Me molesta que la opinión pública no sea capaz de ver algo tan simple y en su lugar se dedique a exhibir los mismos comportamientos que nos llevaron a esa situación en primer lugar.

Lógica de grupos

La falla primordial es la lógica de grupos, la gente se auto segmenta según su inclinación, repitiendo las consignas de lado y lado.

Según la derecha es un hecho triste, pero hay un contexto y bla bla bla. Intentan borrar con el codo lo que pasó, minimizando cualquier alusión a las violaciones a los derechos humanos (expresión que casi suena a eufemismo), llamando a dar vuelta la página y mirar al futuro. En muchos casos secretamente felices de que haya sucedido el golpe (y otros no tan secretamente).

Su comportamiento indica que sí se sienten responsables e intentan relativizar hechos y a veces justificarlos para minimizar su vergüenza. Un enfoque frontal, sin eufemismos, sin tratar de desviar el tema, condenatorio y a la vez constructivo para el futuro separaría a la derecha de hoy de los que apoyaron y participaron de los terrores en dictadura.

La izquierda por su parte llena todos los medios con testimonios, imágenes y detalles de todas las atrocidades que sufrieron. Marchando y gritando nunca más, lo cual no es algo reprochable en sí mismo (de hecho es entendible hasta cierto punto), pero su análisis se queda en que lo que sufrieron es injustificable y cualquiera que quiera expandir dicho análisis es básicamente un hereje.

Su comportamiento indica que su objetivo es utilizar al máximo su lugar de víctimas para fortalecer la idea de quiénes son los malos acá. Utilizan el sufrimiento de su propia gente para apuntar con el dedo y alimentar un resentimiento que fácilmente puede transformarse en odio. Un enfoque de mesura, de evitar escaladas de violencia aunque sea verbal debería ser la primera reacción de un bloque que sufrió las consecuencias de la violencia de primera mano.

En resumen, ambas facciones tratan de protegerse a sí mismos y de ser posible atacar al oponente. Todo se reduce a la misma lógica de grupos en oposición que generó las condiciones para que el famoso golpe pasara.

¿Qué fue lo que pasó en Chile entonces?

Es bien simple, en época de guerra fría, con las experiencias de Rusia, China y otros lugares donde revoluciones mataron a decenas de millones de personas, se generó una paranoia en contra del comunismo y todo lo asociado a éste.

En Chile, el gobierno de Allende fue visto por buena parte de la población como un paso en esa dirección (simpatizante y no simpatizante). Múltiples factores en conjunto generaron miedo, especialmente en la derecha chilena.

Tanto fue el miedo, tanto el pavor al «yugo marxista» que se organizó un golpe de estado y por intentar detener la masacre, terminaron provocándola ellos, clasificando a su propia gente como «enemigos» y convirtiéndose en los monstruos que decían combatir.

¿Cuál es la moraleja?

La paranoia y el miedo fácilmente puede hacer que la gente entre en pánico y sin darse cuenta termine provocando el terror que quería prevenir.

Esto es cierto sin importar el color político o las creencias. Los genocidas no discriminan por ideología política, sólo es gente común que se ve tan amenazada que está dispuesta a todo para «deshacerse del problema».

Y sí, dije gente común porque después del hecho es re fácil juzgar, pero con antecedentes como el experimento de la cárcel de Stanford queda claro que hay muchas personas capaces de hacer cosas realmente terribles si se dan las condiciones apropiadas.

De lo cual se desprende la inutilidad de referirse al problema en términos de facciones políticas. No tiene nada que ver con eso, cada agrupación suficientemente grande tendrá individuos capaces de hacer las cosas más terribles dada la oportunidad.

¿Cómo llevamos esto a Chile?

La verdad es que el paso inicial ya está dado, reconocer lo que pasó y no olvidarlo. Es pertinente tener memoriales y lugares para conmemorar a las víctimas. Pero esto no es suficiente.

Tenemos que superar el tabú de que las víctimas por ser víctimas no pueden cometer errores. Entender que el terror al marxismo, fascismo, a los inmigrantes o a lo que sea, nos puede llevar a crear nosotros mismos el terror. Y cuando digo nosotros me refiero a todos, incluyendo el grupo al que defiendes, sea cual sea.

Quiero abrir una serie de publicaciones en las que básicamente estaré vaciando las reflexiones que he hecho respecto a distintos temas contingentes o que me parecen relevantes, con el de mi posición política. La idea es intentar buscar los argumentos más bien filosóficos o de fondo, todo dentro del contexto de mi profunda ignorancia y el hecho de que este esfuerzo no es para convencer a nadie, sino que para endender yo mismo qué diablos pasa. (Aún así creo que puede ser interesante compartirlo)

Nunca me gustó el fútbol, escasamente lo jugué cuando niño y el entusiasmo por apoyar a un equipo se desvaneció muy rápidamente. Nunca tuve nada en contra de la idea del deporte, de equipos compitiendo y esas cosas, pero sí hay algo que siempre me perturbó: Los hinchas.

Probablemente la fanaticada me asustó. Nunca pude comprender los gritos desaforados al meter un gol ni las caras desfiguradas (y aterradoras) de los jugadores celebrando. Nunca me sentí a gusto dentro de la masa poseída por el juego, no sabía cómo actuar, por qué los demás hacían lo que hacían… Lo que me convierte en una persona muy extraña según el video de abajo, seguramente hubiera muerto antes de la adolescencia de haber nacido cientos de años atrás.

Esa extraña sensación de ser un elemento ajeno al grupo siempre estuvo conmigo y probablemente condicionó la manera en que comencé a ver las cosas en la medida que fui observando el mundo a mi alrededor. Al encontrarme con el mar de contradicciones que definen al ser humano, mi tendencia fue a alejarme cada vez más y más de los grupos unidos por pasiones por una razón muy sencilla: cada grupo define una estructura rígida de pensamiento y acción que se impone a sus miembros pero que inevitablemente traiciona los valores fundamentales del mismo grupo bajo ciertas circunstancias. En estos casos, los individuos habitualmente flexibilizan las normas momentáneamente para acomodar la anomalía e ignoran las implicancias de esa flexibilización para la doctrina que profesan. Bueno, eso para mí es una falla fundamental de la doctrina.

Seguramente el cura que me hizo catecismo para mi primera comunión hizo un muy buen trabajo porque yo le creí al pie de la letra cómo deben ser las cosas. La religión es algo espiritual, lo que importa es lo de adentro, no sirve de nada rezar si no sientes profundamente en tu corazón lo que dices… Tan bien hizo su trabajo que pronto empecé a alejarme de la iglesia católica al ver cómo sus devotos seguidores y sacerdotes actuaban (el tema de Dios y las religiones queda propuesto para un siguiente post).

Y así suma y sigue, este es un proceso que me lleva a mi primera declaración de principios: No pertenezco a nada con nombre. Rechazo cualquier afiliación a cualquier nombre terminado en «ista» o similar (entiendo que por más que intento evitarlo, eventualmente fallaré (y fallo) en alguna medida, pero eso no invalida el ejercicio). Cada grupo de individuos identificable por un nombre inevitablemente hereda las propiedades de cualquier grupo humano. Propiedades entre las que se incluye la colaboración entre miembros, protección en contra de ataques externos y ayuda preferente, pero también incluye la intolerancia, el pensamiento dogmático, la deshumanización de individuos externos, deseos de dominación o evangelización, rigidez estructural y ritual (algo más que se me olvide?).

Cualquier intento de «progreso» (después explico a qué me refiero) genuino, honesto y sustentable se desmorona ante la manifestación de cualquiera de estas propiedades negativas, cuya probablilidad de presentarse llegan virtualmente al 100% en la medida que el grupo contiene un mayor número de individuos distintos. Seguramente como resultado de la inevitable cuota de gente con intenciones nocivas y la dilusión de responsabilidad en la masa.

Y ojo que lo de rechazar afiliación no lo hago a la ligera, estoy conscientemente rechazando la colaboración entre miembros del grupo en particular, la protección en contra de ataques externos y la ayuda preferente… Tanto así que una de las grandes funciones de las religiones y los grupos en general es proveer un andamiaje social que facilite el desenvolvimiento de individuos en la misma… Quizás por eso las iglesias evangélicas son tan populares en las cárceles… Quizás por eso también sigo soltero a los 34.

Pero creo que es un compromiso necesario si queremos orientarnos adecuadamente en un mundo globalizado, que nos guste o no, es el entorno en que vivimos… Al menos hasta que encontremos un mecanismo de orientación apropiado.

Oye pero ¿Qué quieres decir con «grupos»?

¡Excelente pregunta! El post es de política así que obviamente me refiero a partidos e ideologías que proponen soluciones en base a su hipótesis de cómo funciona la sociedad. Pero también aplica a equipos de fútbol, creencias religiosas e incluso a grupos como el de los científicos y los ingenieros. Porque lo que quiero proponer acá como una guía es el método ingenieril, no el grupo de los ingenieros. Las agrupaciones humanas son tan buenas, nobles, imperfectas y corruptas como los individuos que la componen. Celebrar el método científico es muy distinto a enaltecer a los científicos. Que dicho sea de paso ambos, científicos e ingenieros, tienen bastante de qué avergonzarse como comunidad, tal como cualquier ser humano.

Por último, no puedo eludir mi pertenencia a uno de estos grupos que menciono, pero sí reclamo libertad de poder decidir por mí mismo si es correcto o no lo que el grupo de los ingenieros haga como entidad (que realmente no es mucho porque no operamos como bloque con intereses propios).

Sin grupos ni ideologías… ¡¿Qué hacemos?!

Supongo que queda establecido entonces el por qué la política como la conocemos, las ideologías y convicciones tradicionales me parecen insuficientes para abordar eficazmente los problemas del presente.

Uno podría pensar que la ciencia es la respuesta, después de todo la ciencia ha creado el mundo moderno, con las mejores condiciones de vida de la historia de la humanidad no??? Ehmm nops.

La verdad es que la ciencia sí ha sido indispensable, pero no es condición suficiente y necesaria. Es como la idea del triángulo del fuego, se necesita combustible, oxígeno y calor para hacer fuego, si falta cualquiera de ellos no hay combustión. Esto es lo mismo, la ciencia es una de las patitas, sin ella no hubiésemos llegado a donde estamos, pero también hay otra parte que haré un esfuerzo por definir (porque no la entiendo en detalle).

La ciencia es un sistema de generación de modelos predictivos, cuyo objetivo primario es describir las regularidades del entorno que nos rodea. Su propiedad fundamental es el mecanismo de generación, corrección y actualización de modelos en base a un método que, aplicado correctamente, carece de los sesgos propios de la subjetiva percepción humana. Pero la ciencia no sucede espontáneamente, sino que es impulsada por personas, dichas personas utilizan recursos que son asignados por la sociedad de alguna manera.

La sociedad es un sistema emergente compuesto de seres humanos y sus interacciones, con entidades intangibles pero con efectos muy reales como los estados y el sistema económico. Creo que se puede afirmar con cierta confianza que su estructura surge de un proceso evolutivo en que múltiples agrupaciones de personas generan diversidad de normas y estructuras cuya estabilidad se pone a prueba con el pasar del tiempo. Como las sociedades tienen memoria (memes) y no cambian instantáneamente, cuando una falla su material memético no se desvanece, sino que se transforma en una nueva instancia que se vuelve a poner a prueba en este interminable proceso evolutivo.

La sociedad actual es, por lo tanto, el resultado del proceso evolutivo en este momento (para nada el final, ni necesariamente el óptimo). Su sistema económico y todas sus estructuras son las que han permitido y promovido el actuar de la ciencia al asignar recursos. Luego, esta es la segunda patita para lograr el progreso actual.

La tercera patita es muchas veces ignorada pero es igual de crucial que las anteriores, me refiero a la ingeniería. La ingeniería es la disciplina que identifica objetivos de valor para quien la impulsa, utiliza los recursos de la sociedad y sobretodo los modelos generados por la ciencia como herramientas para crear soluciones que cumplen el objetivo de valor establecido inicialmente.

La ingeniería es la ejecutora de los avances que nos han permitido mejorar nuestra calidad de vida. La ingeniería, al igual que la ciencia, tiene una metodología independiente de los sesgos de los individuos que la ejecutan (cuando es bien aplicada). La diferencia entre la ciencia y la ingeniería es que el método científico busca generar un modelo del fenómeno en cuestión sin restricciones al resultado, mientras que la metodología aplicada en ingeniería busca un resultado específico, predefinido y de valor para la entidad que la impulsa, sin requerir la comprensión completa del fenómeno.

Tradicionalmente, la ingeniería se ha utilizado para producir bienes y servicios, cosas que aportan valor a alguien. Mi hipótesis es que el método ingenieril, o una variante de éste, puede ser usado para atacar problemas sociales y de políticas públicas. Así tenemos al menos la esperanza de desacoplar nuestros esfuerzos de los sesgos y arbitrariedades de los individuos y enfocarnos en solucionar problemas eficazmente.

Cabe destacar que todo esto es una sobresimplificación para efectos didácticos. No son solo «tres patitas», sino que es un sistema complejísimo en que cada parte afecta a las demás. En mi explicación he ignorado otros aspectos igualmente indispensables para el correcto funcionamiento de la sociedad. La posición prominente de la ingeniería y las ciencias en este texto responde únicamente a que son el objeto de análisis para lo que viene.

La sociedad con ojos de ingeniero

La sociedad es un sistema dinámico de enorme complejidad, como mencioné antes. Es un sistema para el cual no tenemos modelos, cuya estructura y propiedades cambian con el tiempo. Es un sistema con innumerables lazos de realmientación cuya dinámica desconocemos, con incontables entradas y salidas.

Los intentos por caracterizar el sistema han sido infructuosos, sencillamente no tenemos ni las herramientas, ni los modelos para simular el sistema completo. Algunos esfuerzos se han hecho especialmente en el área de la economía e indicadores como el de bienestar o la pobreza. Estos estudios han sido usados como material de referencia por autoridades para establecer políticas públicas con resultados erráticos.

La realidad es que ninguno de estos estudios generan modelos suficientemente buenos como para predecir consistentemente cómo una política pública afecta a la población. Sin embargo, escuchamos todo el tiempo a ministros y economistas hablando de cifras, indicadores que no sabemos si miden lo que creemos que miden y relaciones causa-efecto que ignoran prácticamente todas las interacciones del aspecto a medir. Acá ceteris paribus sencillamente no es una opción confiable.

En otras palabras, somos unos ignorantes y no tenemos idea qué hacer. Y qué pasa cuando no hay suficiente información para decidir? Acudimos a la mitología, habitualmente instanciada como hipótesis de cómo funciona la sociedad. Acá evidentemente diferentes ideologías tienen hipótesis contradictorias, o mejor dicho, hipótesis de fenómenos diferentes que generan conclusiones contradictorias.

¿Cómo es eso? Bueno, pensemos en el salario mínimo: Grupo A dice que aumentar el salario mínimo mejora el bienestar de los trabajadores y por tanto es necesario hacerlo ya y por un monto importante. Grupo B dice que aumentar el salario mínimo aumenta el desempleo y por tanto habrá menos trabajadores.

Acá ambos grupos presentan hipótesis potencialmente correctas, pero con focos de atención diferentes. Grupo A decide quitar importancia a la posibilidad de aumentar el desempleo, mientras Grupo B decide que es poco relevante la mejora de la calidad de vida de los trabajadores que conservan su trabajo… En otras palabras, ni siquiera están hablando de lo mismo exactamente.

¿Cómo procedemos entonces?

Lo primero es establecer una lista de objetivos de valor, esta es la parte arbitraria y se debe tener entonces cuidado en cómo se define. Pero yendo de lo más general a lo particular me imagino cosas como:

  • La sociedad es un organismo y es mejor o más saludable en la medida en que se maximiza el bienestar de la mayor cantidad de miembros posible.
  • Se buscará que la sociedad mejore continuamente y de manera sostenida en el tiempo (acabo de definir progreso!).
  • Todos los miembros de la especie, sin excepción, tienen potencial para contribuir al funcionamiento de la sociedad.
  • Luego, el deber de la sociedad es proporcionar las condiciones que permitan la manifestación de dicho potencial en su máxima expresión.
  • La imposibilidad de asignar a priori una magnitud a dicha contribución obliga a tratar a cada individuo como igual, con los mismos derechos y obligaciones (incluso si nos pusiéramos de acuerdo en cómo medirla, no se puede saber cuánto un individuo ha contribuido hasta después que muere). Distinciones arbitrarias, por tanto, contradicen el objetivo primario.
  • El bienestar de los individuos requiere al menos cubrir sus necesidades de salud.
  • etc.

Es fundamental que esta lista sea breve, cada punto agrega una restricción al problema y reduce el conjunto de soluciones factibles… Además, en la medida que se agrergan reglas más específicas es difícil obtener consenso.

Luego, cada problema debe plantearse con un objetivo específico, coherente con los lineamientos anteriores, este es el valor que se desea crear.

La siguiente etapa es de recolección de todos los aspectos potencialmente relevantes, cuidando que cada argumento sea abordado ojalá cuantitativamente. Con esta evidencia se analiza el problema, se usan las herramientas de la ciencia para generar potenciales escenarios haciendo explícito lo que no se sabe y no se entiende. Este análisis debe ser aceptado por las partes involucradas, lo cual significa dejar de lado el ego y aceptar que uno siempre estará equivocado en algo.

El paso siguiente es generar un plan de acción que ponga a prueba las hipótesis minimizando la probablididad de impacto negativo (prueba de concepto). Esto implica definir a priori criterios de éxito y fracaso en el mismo plan de acción, así como un tiempo razonable para obtener resultados.

Finalmente, una vez que se validan las hipótesis se puede implementar la solución a escala mayor, siempre monitoreando sus efectos porque cambios en las condiciones pueden invalidar las hipótesis.

La lógica general de todo esto se parece a lo que intentamos hacer actualmente en los sistemas democráticos, pero la falla está en la falta de humildad y rigurosidad. Los problemas deben abordarse desde la posición de «no sé nada y me pregunto si tal cosa puede contribuir» en vez de «esta es la solución y nadie me quiere escuchar».

En resumen

Phew! Esto ha sido largo!!… La operación bajo la lógica de identidad de grupos es un rasgo innato del ser humano pero nos pone a pelear entre nosotros, por tanto, necesitamos superarlo para sobrevivir al mundo globalizado.

Luego, mi postura política implica rechazar afiliaciones a grupos que actúen en bloque con intereses propios.

Libre de afiliaciones creo que los problemas se pueden abordar de manera más sistemática y rigurosa usando un proceso similar al que se usa en ingeniería, donde se busca un objetivo de valor aplicando las herramientas de la ciencia. Al igual que en la ingeniería, contar con un modelo completo no es lo importante, sino que conseguir el resultado deseado, lo cual es posible si se aborda sistemáticamente.

Eso implica que mis opiniones pueden parecer de muchos lados políticos diferentes, un día serán más izquierdosos, otros más derechistas y eso es porque los enfoques de uno u otro grupo pueden ser más o menos valiosos para diferentes situaciones.

Por ejemplo, sin adeherir a ningún extremo, mi visión sobre el tema pensiones se inclina un poco a la visión de la derecha, mientras que para el tema educación me inclino más hacia la izquierda, siendo consciente de que ambos bandos tienen aspectos patológicos que deben ser evitados.

Y eso es!! Estoy listo para que mi hipótesis sea destruida… De hecho, es lo que necesito para iterar sobre la idea, por favor critique nomás!